domingo, 4 de marzo de 2012

Para tomar en cuenta antes del divorcio.



LA DECISIÓN DEL DIVORCIO.



Cuando un hombre y una mujer deciden contraer matrimonio lo hacen por diversas razones. La principal es el amor y comprensión que debe existir en la pareja. No obstante, en ocasiones, por diversas causas -entre ellas la falta de comunicación-, el matrimonio atraviesa por momentos de crisis.



Hay momentos en que la pareja o se la pasa discutiendo por tonterías o llegan al extremo de guardar un silencio que no trae ningún beneficio a la relación. Muchas de las dificultades surgen por problemas económicos, otras veces la falta de comunicación, de comprensión dentro de la pareja, la no expresión de emociones, entre otros.



Entre las causas más comunes que llevan al divorcio son las siguientes:



1. La infidelidad: Casi un tercio de los divorcios se incluyen en esta categoría y más de la mitad de los matrimonios rotos han experimentado algún tipo de adulterio. Muchas infidelidades son ocasionadas por resentimientos o por aburrimiento sexual.



2. Falta de comunicación: la incapacidad de mantener una conversación significativa es una vía rápida hacia la interrupción de la comunicación en los matrimonios. En algunos casos, el cónyuge puede ser verbalmente abusivo. En una situación como ésta, lo mejor es buscar ayuda profesional.



3. Abuso físico, psicológico o emocional: Las señales de abuso físico incluyen la violencia, las peleas, maltratar físicamente. El maltrato psicológico y el abuso verbal puede consistir en insultos verbales, burlas, humillación, la intimidación y el refuerzo negativo constante.



4. Problemas económicos: La escasez de dinero, los gastos excesivos, el derroche son algunos dilemas que pueden ocasionar la ruptura de la familia.



5. Líos en la intimidad sexual: El exceso de trabajo, las enfermedades, la cotidianidad y la disminución de la pasión sexual son aspectos que influyen en la cama y aumentan la incompatibilidad de la pareja.



6. Las diferencias religiosas y culturales: La falta de comprensión y de disposición para una sana convivencia entre las parejas de diferentes culturas, etnia o religión provoca que terminen apegados al conformismo y de esa forma le dan paso al resentimiento.



7. La educación de los hijos: Los diferentes opiniones sobre cuestiones tales como dónde enviar al niño a la escuela o cómo hacer frente a un comportamiento específico son motivo suficiente para iniciar un procedimiento de divorcio.



10. Las personalidades adictivas: Una adicción se define como cualquier comportamiento realizado compulsivamente, por lo que va más allá de las drogas y puede extenderse a la alimentación, el juego, internet, entre otros. Estas adicciones pueden obstaculizar la funcionalidad y es otra razón para el divorcio, ya que afecta a las prioridades del matrimonio.



10. Las expectativas no se cumplen: Esto es cuando una persona se da cuenta de lo diferente que su cónyuge es realmente. También puede ser una situación en la que las prioridades cambian drásticamente debido a un cambio en los intereses, problemas médicos graves o muertes en la familia.



Para los psicólogos, la separación y el divorcio son alternativas por las cuales puede pasar la pareja en un momento dado de su vida. Lamentablemente, existen circunstancias que, en ocasiones, escapan al control emocional y racional de los cónyuges y la separación y/o el divorcio, se convierten en herramientas que pueden evitar un mal mayor.



La intensidad de las emociones, el dolor, las ofensas, el rencor y otros sentimientos provocan un daño profundo en la  pareja difícil de recuperar. Por otro lado, la victimización de los hijos atrapados en la "batalla conyugal", produce deterioros psicológicos irreparables en la psiquis de los menores.



La decisión de deshacer la pareja constituye un momento crucial en la vida matrimonial y familiar. Cuando una convivencia termina ambos implicados tienen que replantearse un proyecto de vida compartido hasta esa fecha, cambiar los esquemas de ese proyecto y ese análisis puede tener efectos tanto negativos como positivos, tanto en ellos como en los más afectados, los hijos.



Las relaciones co-dependientes son una manera de relacionarnos en pareja de forma patológica y puede tener graves consecuencias como violencia, automutilación, suicidio, etc.



Se trata de un trastorno adictivo en donde existe la presencia constante de agresión emocional, psicológica y física; en donde el objeto que provoca la adicción es la relación de pareja. El objetivo de esta relación es llenar un vacío en el sujeto que la padece.



La codependencia consiste en estar total o casi totalmente centrados en una persona, un lugar o en algo fuera de nosotros mismos. La codependencia se caracteriza por una negación inconsciente de nuestras emociones. La negación es una respuesta humana natural a situaciones a las que no podemos hacer frente o que no podemos permitirnos sentir. Se origina en la niñez, dentro de un ambiente familiar no sano.



En la dependencia emocional, el sujeto es controlado por su necesidad de la otra persona, y el intenso miedo a la pérdida y a la soledad contaminan el vínculo establecido en la pareja.



¿Qué es lo que se experimenta en una relación destructiva?



Lo que se experimenta es un ciclo vicioso resumido en tres palabras: Tensión – maltrato – reconciliación, la víctima llega a confundir las agresiones con el amor debido a su gran dependencia, tienden a sentirse culpables si su pareja las amenaza u ofende pues creen ser ellas quienes han provocado su irritación, lo disculpan y recapitulan ese ciclo vicioso del maltrato y reconciliación



¿Qué podemos hacer ante esta situación?



El abuso no debe ser justificado ni perdonado, pues si aceptamos el perdón y accedemos a la reconciliación lo único que estaríamos garantizando será recibir una próxima agresión física o psicológica. Es importante romper este ciclo de maltrato-reconciliación, sé fuerte y busca ayuda no pierdas tu salud mental. Si no tienes la posibilidad de acudir a un psicólogo privado acude a centros de autoayuda de tu localidad… lo importante es romper el silencio pues mantener esta situación en secreto otorgará más poder a quien nos maltrata así que desahógate con alguien de confianza y no te dejes guiar por pensamientos depresivos.



El deseo sujetar a la otra persona y controlar nace, de problema de personalidad llamado codependencia; pues esto indica que a uno de los integrantes de la pareja le cuesta hacerse responsable de sí misma, siempre estás mendigando el cariño y/o aceptación del tu pareja y si no eres correspondido comienzan las tensiones cariño y aceptación; haces cosas por agradar a los demás y te vuelves obsesiva y compulsiva en tus relaciones. Casi como norma las personas codependientes eligen inconscientemente como pareja a personas disfuncionales con quienes mantienen relaciones conflictivas, donde una tontería produce una manipulación: si no me maltrata, ya no me quiere (son fuertes estas palabras, pero ciertas).



Las relaciones disfuncionales, violentas y conflictivas se caracterizan por inmadurez y egoísmo de parte de las dos personas, las relaciones pasionales basadas en el conflicto son adictivas; en ocasiones, cuando uno de los miembros tiene posibilidad de sostener una relación normal y tranquila se siente aburrido y sin estimulación, pues necesita las emociones fuertes.



McWade hace una diferenciación entre la definición los consejos para mantener la cordura durante un divorcio, según si se es la persona que inició el divorcio o no.  El estado emocional y las perspectivas son muy diferentes según en el lado que uno esté, estas son algunas sugerencias para cada perspectiva.



Para la persona que inicia el divorcio:



1.- Darse cuenta de que se está emocionalmente más avanzado que la otra parte. Por lo general, el cónyuge que haya iniciado el proceso ha considerado esta decisión durante algún tiempo antes de que anunciarlo a su cónyuge.



2.- Recordar que el rechazo es siempre una experiencia negativa. A pesar de que puede haber habido debate sobre el hecho de que el matrimonio no esté funcionando bien, la esperanza de mejorar en el futuro suele estar presente y el anuncio inicial del divorcio se vive como un shock.



3.- Anticiparse a los cambios. Su pareja tendrá sus propias necesidades, por lo que ninguno consigue todo lo que quiere. La expectativa de que la vida será la misma después de divorcio, con la excepción de que la pareja ya no estará presente, no es realista. Para matrimonios de mayor duración, las propiedades se repartirán y el tiempo de los niños será compartido con el otro progenitor. Y los niños tendrán sus propias formas únicas y sorprendentes de reaccionar.



4.- Estar preparado para emociones contradictorias. El divorcio es una transición en la vida con grandes sorpresas a lo largo del camino. Incluso si una persona quiere el divorcio, los sentimientos de pérdida son inevitables. Las personas que ya esté inmersas en una nueva relación puede que no se den cuenta de esto al principio, pero deshacer una relación significativa es doloroso.



5.- Permitir que los hijos se adapten a la separación durante al menos un año antes de introducir a una nueva pareja. Introducir a una nueva persona antes de que el acuerdo de separación se ha firmado puede causar estragos en las negociaciones del divorcio y va a ser doloroso para los niños. La felicidad del adulto implicado acerca de la nueva persona en su vida no significa que los niños también serán felices con ello.



 Para la persona que NO  inicia el divorcio:



1.- Entender que su pareja ha tenido tiempo para hacerse a la idea del divorcio, después de haber pensado mucho antes de anunciarlo. Uno puede preguntarse cómo la otra parte puede estar bien cuando uno se siente tan mal, pero mejorar es solo cuestión de tiempo.



2.- Tener en cuenta que los hombres y las mujeres se divorcian de manera diferente. Los hombres son pragmáticos. Por lo general, se centran en conseguir el mejor acuerdo que puedan obtener. Las mujeres experimentan el acuerdo como un indicador del valor que tienen para su pareja. A menudo les sorprenden y afectan las propuestas de su pareja.



3.- Concentrarse en uno mismo y evitar lo más posible complicarse preguntándose cómo está la otra parte, qué hace, con quién está, etc. Esto dará lugar a sentirse víctima y a depresión. Centrarse en su lugar en lo que uno puede hacer por sí mismo y por sus hijos. Leer un libro, escuchar música, hacer ejercicio, leer cuentos a los niños, hacerse voluntario de una organización, etc. No se aislarse. Unirse a grupos en los que se compartan intereses, probar cosas nuevas.



4.- Recordar que los niños le necesitan. Ellos todavía necesitan progenitores que funcionen incluso si uno está muy enfadado o triste. Comunicarles  que su malestar es temporal y que pronto se sentirá mejor. Eso les dará esperanza de que el futuro será mejor. Cuidar de sí mismo y encontrar apoyo. Llamar a instituciones locales para encontrar un grupo de apoyo de divorcio. Leer la literatura de apoyo.



5.- Tratar de no hablar mal de la parte que se fue. Un error común es que el que abandona la casa, abandona tanto al cónyuge y como a los hijos. Por lo general, esa interpretación no es correcta y perjudica a los niños. La persona ha dejado el matrimonio, no a los niños y, de hecho, ni siquiera a su cónyuge por completo. La relación ha cambiado, pero una relación de co-parentalidad durará para siempre.



Algo que resulta evidente es que si el amor entre las parejas no funciona, se hace aceptable e incluso necesario el divorcio. Sin embargo, el hecho de que una pareja se rompa, no tiene por qué desencadenar en ningún momento una serie de conflictos y problemas añadidos, capaces de dificultar enormemente todo el proceso que se debe llevar a cabo para resolver este problema sentimental y familiar.



Lo ideal, cuando se termina el amor entre una pareja, es que cada cual tome su rumbo a través de un divorcio sano y de mutuo acuerdo, dando muestras de madurez y de coherencia y conciencia ante los hechos, lo que repercutirá positivamente en la imagen de los padres ante sus hijos.


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